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Seventeen

8 Nov

Afortunadamente he podido adquirir algunas revistas de Seventeen, que ya son consideradas “vintage”.

 

Tenía cerca de 12 años cuando  heredé las primeras Seventeens de mi prima Carmencita.

Desde entonces se convirtieron en mis favoritas.  

    

 

Las disfrutaba a diario y en cierta manera forjaron mi adolescencia.

   

Ampliaron mi percepción y conocimiento del mundo que me rodeaba.

En mis quince años mi abuela Mita me regaló mi primera subscripción anual.

Fue el mejor regalo que jamás he tenido.

Luego las continué por años. Creo que llegué a tener cerca de 40 revistas.

    

Cuando terminé la Universidad y emigré a la ciudad las dejé en casa de mis padres.

Un día encontré que las había perdido.

  

El tiempo me trajo la nostalgia y deseaba tenerlas de nuevo…

¡Que suerte he tenido, logré recuperar algunas!

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Festival del Tinglar en Luquillo

15 Abr

Hacía tiempo no asistía a una celebración de pueblo con tanta alegría, buena música, baile, tradición, artesanía  y sobre todo, compromiso por la preservación de nuestro patrimonio: el Corredor Ecológico del Noreste.

El Festival del Tinglar lleva siete años, bajo el liderazgo del Club Sierra, abogando por la protección de esta reserva natural rica en fauna, flora y belleza. El Corredor está bajo  constante asecho de los desarrollistas que quieren construir hoteles y complejos de viviendas para los adinerados.  Muchas y continuas son las gestiones legales que se siguen haciendo y este año el gobierno tiene la intención de vender estas tierras para el “desarrollo económico”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora, por lo que observé es mucha la gente que ha despertado a la conciencia ambiental y este gobierno tiene un dilema: o los votos o sus amigotes, los desarrolladores. Espero no equivocarme.

Llegamos temprano en la tarde a la Plaza de Luquillo. Estaba muy nublado y ventoso,  el resto de la isla bajo fuertes aguaceros. Tuvimos un día fresco con par de fuertes chubascos en la noche, cosa que no impidió la gran concurrencia de gente. En Puerto rico la lluvia es bendición.

Desde Loíza llegó Son de Almendro con sus ritmos de bomba.

Había buena artesanía playera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestros festivales suelen ser bastante pintorescos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y explícitos…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esas dos eternas jangueadoras…

 

Y yo me he retratado con esta bella pitonciota.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Marina le sacaba la lenguita. para olfatearla, supongo…

 

 

 

 

 

 

 

 

Eduardo en la carpa de TMobile.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando fuimos a ver el mar, lo encontramos en todo su explendor. Jugaba con el viento, feliz de saber que lo estamos defendiendo.

 

La noche concurrió con una multitud para bailar la Bomba y escuchar la música de conciencia de Cultura Profética.

Cuando tomé esta foto ya la carga de la camara estaba casi agotada. Pero logré este efecto. Me encanta. Parece una pintura.

 

Donde todo comienza

19 Nov

                          evam

                      l              o

                   l                    s

Por la vida un equipaje  liviano,

 cabe en el alma. Solo las cosas

  que nunca olvidamos porque

 si lo hiciésemos  sería  como ha 

 ber perdido nuestros espíritus.

 
    pa       lo de         dos al        re...    ...
Un     ñue         recuer          ai          ...

ondea como una cometa
atada al dedo y nos sigue.

Y en los flecos de su punta
allí, casi al final (y principio) está
Buyé.


   

Mirándonos el mar y yo  me sorprendió la poesía…

Sabíamos unas cuantas cosas…

 que mil cobitos cabían en la mano…

Y que  al atardecer el Sol se bañaba  en el mar… 

Y cerca de allí había un paisaje lunar…para jugar…

En ese  pequeño universo habían tres o cuatro  casitas rústicas y unos niños que en la noche se iban a dormir oliendo a sal

y escuchando la nana del mar… 

    

 En la arena, que era tan blanca

hacíamos castillos, y un día

una puerta, que nos trajeron las olas , jugó con nosotros:

le pusimos Yerba…

Y el mar se reía…

No habían lujos, teníamos que llevar el agua, pero se desbordaban las noches estrelladas, los millones trocitos de arena  brillaban y nos llenaba el oído el constante concierto del mar.

Un día, sin darnos cuenta, llegó la ola del tiempo

 y los mil caminos nos dispersaron…

 Después, cuando nos hicimos grandes, aprendimos lo que significa  añorar…